¿Mi psicólogo me cuida?
- Álex Melic Montañés
- 24 mar 2022
- 5 Min. de lectura

El profesional establece una relación con sus pacientes con objeto de satisfacer sus necesidades y prestar un determinado servicio. De esta forma el psicólogo/a clínico/a o sanitario/a efectúa un diagnóstico y formula la intervención terapéutica más adecuada para tratar a un paciente genérico que acude a consulta. En este caso, se presume, aparte de ciertos conocimientos reglados y no reglados en su campo, el estricto cumplimiento de ciertas obligaciones para con el visitante que acude a su despacho o consulta.
La elaboración de una serie de normas y deberes para con los pacientes/ clientes que acuden al servicio prestado por un/a profesional implica crear un compromiso de confianza, confidencialidad y veracidad (normas morales, por cierto), aunque yo personalmente añadiría también la profesionalidad y objetividad en la prestación del mencionado servicio. De ello se ocupan, entre otros, los respectivos códigos deontológicos, los Colegios Oficiales y las normas éticas en la evaluación (por ejemplo, me remito a Ethical Standars of the American Psychologial Association, formuladas por la misma asociación, APA, en 2002).
A modo de ejemplo, el paciente que acude al psicólogo, presume per se que el/la profesional cumplirá estrictamente los deberes impuestos a su profesión, de tal manera que todo dato revelado en dicha relación profesional, permanecerá bajo un halo de especial privacidad y confidencialidad, exceptuando ciertos casos extremos. Lo mismo ocurre (doy fe de ello) en otras profesiones como la economía.
Lo cierto es que una cosa es la teoría y otra, la práctica. Por desgracia, no todo profesional cumple los deberes y obligaciones recogidos en los libros de psicoética y en los correspondientes códigos deontológicos, restando objetividad y profesionalidad a los servicios prestados. En cuanto al paciente o cliente de turno, ven mermados sus derechos (intimidad, capacidad de decisión…) cuando la ética vinculada a la profesión se ve vulnerada por ciertos actos poco éticos. Por suerte, la sociedad cuenta con el mecanismo de la denuncia para hacer frente a tales problemáticas.
No obstante lo anterior, es evidente que hay actos de diversa naturaleza que son complejos de conocer incluso la parte afectada (como por ejemplo, la cesión de datos personales a un tercero, sin permiso ni conocimiento del afectado).
Lo interesante de todo ello es que es el profesional (en este caso, del ámbito de la psicología) el que toma la decisión definitiva de seguir o no los principios y normas éticas pertinentes (efectuando el llamado juicio ético particular), de acuerdo a su propia ética personal y los factores relevantes del caso que se encuentra tratando. En dicho sentido, es lógico pensar que el profesional que tenga principios morales asociados con la plena garantía de los derechos inalienables del ser humano, protegerá y cumplirá con diligencia los derechos vinculados al paciente que está tratando. Igualmente, aquella persona que busque un valor ético asociado a su propia bondad o la bondad entre semejantes, buscará el mismo fin que el ejemplo anterior. Lo contrario podría decirse de aquel psicólogo que atentase contra los derechos del paciente, con las consecuencias correspondientes para uno y otro.
Uno y otro ejemplo son los extremos contrapuestos de un continuo donde entre medias se sitúan multitud de casos con diferentes características y circunstancias que es necesario analizar individualmente. De ahí la importancia y dificultad de la psicoética en psicología.
Gracias a la ética, conocemos que el valor supremo al que debemos hacer referencia en la búsqueda por el cumplimiento de los derechos del paciente es la dignidad humana (aspecto ‘digno’ de tener en cuenta). Y para ello, la psicoética dispone de una serie de principios éticos básicos (beneficiencia, independencia y justicia) que sirven de guía para el buscador de respuestas. Tales principios, en mi opinión, no son solamente aplicables al mundo de la psicología, sino a muchos ámbitos, reforzando la protección del paciente, la sociedad (a un nivel más general o, incluso, particular, como es el caso de los allegados del paciente o el propio psicólogo o psicóloga) y la relación profesional y terapéutica entre ambos.
El seguimiento de los principios y normas éticas contribuye, tal y como se mencionó arriba, al respeto de la dignidad del paciente (y en mi opinión, a la del propio profesional de la psicología y profesión), logrando así una relación veraz, confidencial, profesional y objetiva.
No siempre ocurre lo anterior, tal y como se comentó más arriba, por cuanto con independencia de los valores éticos de los que disponga el/la profesional, alguna de las normas y principios éticos puede entrar en conflicto e, incluso, pueden ser complicadas de aplicar en el ámbito profesional. En estos casos, el/la psicólogo o psicóloga puede acudir al Colegio Oficial de Psicólogos y plantear sus dudas sobre cierto caso particular. Allí, el consejo consultivo planteará su respuesta de acuerdo a la interpretación, desde el punto de vista de la psicoética, de las posibles soluciones, siempre respetando, en la medida de lo posible, los principios éticos básicos. En base a ello, el/la psicólogo/a podrá actuar en base a tales alternativas.
Finalmente, me gustaría finalizar esta aportación haciendo mención a dos cuestiones esenciales, como son las medidas para lograr un mayor cumplimiento de las normas éticas de psicología por parte del profesional psicólogo y la cuestión que radica en torno a los principios éticos personales no recogidos en los códigos deontológicos.
En relación a la primera cuestión, creo que el conocimiento y preparación son la clave. Formar a los psicólogos en psicoética ha de ser un aspecto esencial en la agenda de los Colegios profesionales, pero también formar en aquellos mecanismos de resolución de cuestiones éticas vinculados a los citados Colegios, en cuya sede se encuentran profesionales experimentados en psicoética que pueden resolver los casos más complejos. En cuanto a la segunda cuestión, considero que con independencia de los principios éticos personales, es necesario cumplir con los principios éticos básicos, no solamente porque estoy de acuerdo (con especial cariño) con su contenido, sino porque objetivamente sientan las bases principales sobre las que cualquier psicólogo ha de ejercer su profesión, siempre, respetando la dignidad del paciente. Se lo merece, pues es él o ella quién ha prestado su confianza en nosotros/as como profesionales de la psicología. Protejamos esa confianza como un verdadero regalo de otro ser humano.
Espero, ante todo, que os haya resultado de interés.
¡Un abrazo fuerte lector/a!
Álex Melic
Fuentes:
Chacón Fuertes, P. (2003). El conflicto ético en la psicología clínica. Intervención en el Colegio de Psicólogos de Madrid en el I Encuentro sobre Psicología Clínica en el sector privado (6 de mayo de 1994): pp 1-11. Descargado de https://ebookcentral.proquest.com/lib/udimaebooks/reader.action?docID=3156079&ppg=1.
França-Tarragó, O. (2012). Manual de psicoética: Ética para psicólogos y psiquiatras. Desclée de Brouwer, Bilbao.

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