La neutralidad en terapia psicológica.
- Álex Melic Montañés
- 6 may 2022
- 4 Min. de lectura

¡Hola lectores/as!
Entiendo que la neutralidad, como concepto, implica adoptar un papel intermedio, imparcial, no decantándose por cualquiera de las opciones disponibles en un determinado conflicto. Asimismo, entiendo que la persona neutral actúa teniendo en cuenta la igualdad, la equidad y, en general, la justicia.
En el contexto terapéutico, la neutralidad del terapeuta viene definida, en mi opinión, por una postura acorde a tal definición, aunque con ciertas matizaciones. No considero al profesional neutral como una máquina, fría, que aplica determinados instrumentos, dejando de mostrar empatía hacia el consultante, sino un profesional que busca ampliar el espectro de opciones de las que dispone su interlocutor, así como los conocimientos de los que dispone el consultante, sus experiencias y las ventajas e inconvenientes de cada posible decisión.
Desde esa postura de neutralidad, el profesional de la psicología puede ejercer un papel en el que se permita el desarrollo del autoconocimiento del consultante así como de las diferentes alternativas que tiene a su elección para resolver sus problemas. Ello contribuye, entre otras cosas, a que el consultante tenga, ante todo, libertad de opción ante las posibilidades de cambio que se le plantean en consulta.
El psicólogo tiene su propia moralidad, sus propios valores y convicciones personales, pero también es cierto que en la mayor parte de los casos, donde se defiende por su parte el compromiso profesional y el respeto por la ética profesional, el profesional no trata de imponer sus creencias al consultante.
Por el contrario, el profesional neutral de la psicología es capaz de comunicar abiertamente al consultante información relevante sobre la propia escuela de psicología al que se ha adscrito, los motivos reales de consulta (quizá desconocidos incluso por el propio consultante), las características de la intervención y tratamiento disponibles o, incluso, la existencia de otros profesionales más acordes a la problemática abordada (pues el profesional imparcial es capaz de ofrecer otras alternativas al paciente, aunque difieran de su propia terapia).
En general, el profesional neutral favorece la comprensión del consultante mediante una comunicación honesta y veraz de la información relevante asociada a cada caso particular. Reconoce la libertad del consultante, puesto que es él quien, en base a la información puesta de manifiesto en la terapia psicológica, tiene la libertad de actuar (aceptando/rechazando la terapia, buscando otro profesional, poniéndose a prueba a sí mismo, planificando con el terapeuta los objetivos a seguir…).
No obstante lo anterior, el psicólogo es un ser humano y, como tal, en ocasiones comete errores. Es normal que las diferentes creencias personales del profesional, los estereotipos, prejuicios existentes que pueden activarse a lo largo de la terapia, ideas, expectativas, emociones (positivas y negativas) o incluso variaciones de autoestima y la búsqueda de aprobación de los demás, pueden llevar al terapeuta a malas decisiones, como por ejemplo, ser paternalista, evitar proporcionar información al consultante sobre otros profesionales que podrían ayudarle o crear dependencia del consultante al propio profesional.
Los anteriores aspectos rompen la neutralidad propia del ámbito terapéutico, evitando la imparcialidad del proceso. Para evitar tal hecho, es preciso que el profesional sea consciente de su personalidad, así como sus cogniciones y emociones, no solamente las que evoca un consultante determinado, sino también aquellas experimentadas de forma diferente un día u otro y que, en definitiva, pueden afectar a las visitas que tenga a continuación. Quizás posponer determinadas citas (aquellos días en los que el profesional tenga un mayor desgaste emocional), perseguir la sinceridad en todo el proceso terapéutico y colocarse en un lugar neutral, donde las creencias, estereotipos y prejuicios queden temporalmente bloqueados, sean estrategias idóneas con las que el psicólogo cumpla los deberes éticos de su profesión.
Como pongo de manifiesto con mi aportación, en mi opinión la psicología, en sí, es éticamente neutra, en la medida en que es una ciencia y, en suma, es un instrumento objetivo que permite alcanzar un fin utilizando la metodología científica que múltiples asignaturas del grado nos han ido enseñando estos cursos atrás. Pero un instrumento ha de aplicarse y, por tanto, será el psicólogo de turno quien deba ejercer tal ocupación.
El profesional de la psicología, por su parte, debe (resalto este ‘debe’) ser éticamente neutro en la terapia psicológica, favoreciendo la comprensión y comunicación del consultante. Pero en ocasiones, tal deber falla en su cumplimiento, porque determinadas variables (sociales, culturales, psicológicas…) interfieren, creando sesgos en el proceso. Es antes de dicho instante cuando el profesional ha de poner los medios adecuados para aproximarse a la neutralidad de la ciencia psicológica, evitando la contaminación del proceso terapéutico. Por tanto, desde mi punto de vista hay que diferenciar entre la disciplina científica (psicología) y los psicólogos (que podrán ser o no éticamente neutros).
En cuanto a las escuelas psicológicas, siguen distintas teorías (cognitivismo, conductismo, psicoanálisis…) y toda escuela que siga la evidencia empírica y que, por lo tanto, haya demostrado su funcionamiento, desarrollará una mayor neutralidad ética en la medida en que los profesionales adscritos a dicha rama sigan las técnicas e instrumentos asignados a dicha escuela, con la mayor profesionalidad e imparcialidad posibles.
Otras escuelas, que a lo sumo vienen teniendo conflictos en cuanto a los instrumentos utilizados y la escasa evidencia empírica, involucran en su propia teoría creencias subjetivas, no probadas científicamente, y que se alejan de la neutralidad buscada, simplemente porque involucran las creencias de los profesionales afines a dicha rama o escuela, reduciendo la imparcialidad y profesionalidad antes mencionadas.
En resumen y desde mi punto de vista, siempre que prime la subjetividad, el proceso se encuentra sesgado y, por lo tanto, no es éticamente neutro. Tal sesgo puede venir dado por el psicólogo actuante, ya sea por variables personales o por seguir una escuela psicológica con escasa evidencia empírica y que siga criterios poco profesionales y no contrastados.
También es posible que un psicólogo, adscrito a una rama psicológica con escasa evidencia empírica, sea profesional e imparcial, pero eso siempre dependerá de cada uno y de cómo sepa llevar el procedimiento psicoterapéutico.
Un abrazo lectores.
Álex Melic

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